INTRODUCCIÓN
Las infecciones de transmisión sexual (ITS) son un grupo de patologías infecciosas que se pueden adquirir si se mantienen relaciones sexuales con alguien que las padece. En general se transmiten durante el coito, pero también pueden propagarse a través de otro tipo de relaciones. El contagio se produce cuando dos personas ponen en contacto una membrana mucosa infectada con otra sana. También puede llegar si alguna herida en la piel del receptor toma contacto con la membrana mucosa infectada.
Las principales vías de transmisión son las mucosas de la boca, los órganos genitales y el ano, debido a que sus tejidos cuentan con las condiciones ideales, de humedad y calor, para que la infección se desarrolle y se transfiera.
El riesgo de contraer una de estas infecciones aumenta si no se utiliza un método de prevención. En la actualidad, el preservativo es el único anticonceptivo que las previene, por lo que si no se conoce la historia sexual de la persona con la que se mantienen relaciones, la ausencia de riesgo de contagio, siempre que haya un contacto vaginal, anal u oral, pasa de forma ineludible por el uso del condón.
A diferencia de otras infecciones, las ITS, una vez padecidas, no generan inmunidad y además no se cuenta con vacunas con las que hacerles frente,
por lo que la misma infección de transmisión sexual puede afectar de manera repetida a un paciente.
Algunas pueden ocasionar lesiones graves y permanentes, como ceguera, esterilidad o trastornos psicológicos. Es, por tanto, importante conocerlas a fin de poder detectar su presencia lo más pronto posible y tratarlas con precocidad. Según recientes encuestas realizadas en varios países, la incidencia de las ITS es más alta entre las mujeres menores de 20 años. En general, los varones y las mujeres adolescentes corren mayor riesgo de contraerlas y ello se explica por la presencia tanto de factores biológicos (inmadurez del tracto genital femenino y mayor delgadez de su mucosa vaginal), como de conducta (mayor número de parejas distintas en esas edades, falta de conocimiento sobre la infección por VIH-SIDA y otras ITS o escasa utilización de medidas preventivas). La edad de riesgo varía según las distintas sociedades. La poca información sexual y el desconocimiento de sus síntomas, que a menudo son difíciles de detectar, hacen que estas infecciones se propaguen con facilidad. A esto se suma que en ocasiones los síntomas se ocultan, por vergüenza y por miedo a ser considerados obscenos y de conducta reprobable.
En cuanto a cifras, la OMS estima que, a nivel mundial, en 1999 se han producido en hombres y mujeres de 15 a 49 años 340 millones de nuevos casos de cuatro tipos de ITS curables: sífilis, clamidiasis, gonorrea y tricomoniasis
En España no hay estadísticas sobre el número de afectados por ITS. Los datos que se conocen se obtienen por la obligación de los médicos a declarar las cifras de algunas de estas infecciones. La Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica informa de que en el año 2003 se notificaron 1.069 casos de infección gonocócica y 917 de sífilis (lo que supone unas tasas por 100.000 habitantes de 2,55 para la gonococia y 2,19 para la sífilis). En el análisis de los datos en el periodo 1995-2003 se observó un marcado descenso en la incidencia de infección gonocócica (-78%) y de sífilis (-15%). Sin embargo, se advierte un incremento reciente en la incidencia de ambas infecciones que frena la tendencia descendente que se venía observando desde el año 1995. Pero existe una fundada sospecha de que la incidencia de ITS en España es mucho más elevada de lo que estos datos muestran. La infección más común es la debida al Virus del Papiloma Humano, muy relacionado con el cáncer de cuello de útero, la segunda neoplasia maligna que más muertes causa entre las mujeres a nivel mundial. Entre las ETS producidas por bacterias, la que tiene una incidencia más alta es la infección por Clamidia.
Los microorganismos causantes de las ITS pueden ser bacterias, virus, hongos o parásitos. Algunas ITS no muestran signos ni síntomas y si lo hacen son poco claros, por lo que se pueden confundir con otras afecciones; lo que dificulta el diagnóstico y retrasa el tratamiento, con lo que se facilita su diseminación.
PRINCIPALES ITS SEGÚN LA PRINCIPAL FORMA DE MANIFESTACIÓN
ITS que se manifiestan mediante úlceras genitales
Aunque son varios los agentes responsables de úlceras genitales en nuestro país la mayoría de estas lesiones están producidas por el herpes genital y, en menor medida, por la sífilis. De todas formas, hay que tener en cuenta que no todas las úlceras genitales son de transmisión sexual y que a veces coexisten úlceras infecciosas por diferentes causas.
Herpes genital
Puede ser causado por los dos tipos de virus de herpes simple, el 1 (VHS-1) y el 2 (VHS-2). La infección genital la produce sobre todo el VHS-2, el VHS-1 suele generar con mayor frecuencia infecciones orales.
El VHS-2 se transmite por contacto sexual (vaginal, anal u oral), a partir de personas que tienen lesiones activas, aunque, en ocasiones, quienes la trasmiten no presentan síntomas. Se extiende con mucha facilidad en las mujeres y con su contagio aumenta el riesgo de cáncer de útero. Además, en caso de embarazo puede provocar aborto o parto prematuro. Si el recién nacido se contagia durante el nacimiento, puede morir o sufrir serios daños cerebrales.
En las mujeres afectadas aparecen pequeñas vesículas dolorosas que con posterioridad se ulceran. Estas úlceras surgen en los genitales externos, las zonas próximas al ano, muslos o nalgas. Pueden presentarse también en el interior de la vagina e incluso en el cuello del útero. Se manifiestan entre los días 2 y 21 después de haber sido contraída y duran de dos a tres semanas. Otros síntomas pueden ser fiebre, nódulos linfáticos hinchados y síntomas parecidos a los de la gripe, además de dolor al orinar. En el hombre el cuadro es parecido, pero localizado en el pene o cerca del ano. Aunque los síntomas desaparecen antes del mes, el virus se encuentra en estado latente, periodo durante el cual no es contagioso pero puede brotar de nuevo en el paciente, que debería volver a iniciar el tratamiento.
La reaparición es una característica común de los virus herpes, y sobre todo del VHS-2, pero, si sucede, suele ser de duración más corta (sobre una semana) que la presentación inicial y a menudo pasa desapercibida. En pacientes portadores del virus VIH las lesiones suelen ser más graves y más dolorosas.
La infección se sospecha por el aspecto de las vesículas y se confirma por el análisis de laboratorio. El tratamiento del primer episodio de herpes genital se realiza con fármacos antivíricos (aciclovir, famciclovir, etc.) siguiendo las pautas que el médico recomiende. Es necesario un tratamiento adicional para aliviar las molestias y los dolores que se producen. También hay pautas para el tratamiento de las molestas reapariciones.
Sífilis
Es una infección sexual de fácil transmisión y de consecuencias muy graves si no se realiza un tratamiento adecuado. Se conoce también con el nombre de chancro o pústula. El agente causal es una bacteria de nombre treponema pallidum. Es muy contagiosa y hay un 50% de probabilidades de que una persona con sífilis infecte a otra con sólo una relación sexual.
Una vez que ha entrado la bacteria en el organismo a través del contacto sexual, se desarrolla la infección en tres etapas con diferentes síntomas:
- Primera etapa o sífilis primaria. (Aparece entre una y doce semanas después del contagio):
Tras un periodo de incubación (tiempo que transcurre desde que una persona se contagia hasta que presenta síntomas) que dura entre una y doce semanas, por término medio 21 días, se produce una lesión ulcerosa (chancro sifilítico) con aspecto de ampolla o herida abierta. Esta lesión es por lo general indolora y de aspecto limpio, y aparece en la zona de los genitales, por lo general en el pene, vagina o vulva, aunque también se puede manifestar en dedos, boca, pechos y ano. Otras veces no es visible por situarse en el interior del cuerpo. Suele estar acompañada de inflamación no dolorosa ni supurativa de los ganglios de las ingles. En esta etapa la infección es muy contagiosa y puede difundirse con facilidad. La lesión ulcerosa desaparece en unas 5 semanas, con independencia de que se trate o no la infección.
- Segunda etapa o sífilis secundaria (de una semana a 6 meses después del contagio):
Si no se ha realizado tratamiento curativo de la primera etapa de la infección, progresa y se pueden presentar erupciones en la piel del tórax, espalda o extremidades, así como inflamación de los ganglios linfáticos, sobre todo del cuello, axilas e ingles. Puede aparecer fiebre, dolor de garganta, malestar general, con caída de cabello (alopecia) e inflamación de zonas próximas a los genitales o al ano.
En esta etapa la infección es muy contagiosa y se puede difundir a partir de las heridas sifilíticas abiertas presentes en cualquier parte del cuerpo en las que está la bacteria, sin necesidad de practicar actividad sexual alguna. Basta con un simple beso.
A menudo los síntomas son tan leves que no se perciben e incluso desaparecen con rapidez, pero a pesar de ello la bacteria se mantiene en el organismo.
- Tercera etapa o sífilis terciaria (después de tres años o más desde el contagio, sin haber recibido adecuado tratamiento):
Puede manifestarse de diversas maneras, según la localización más predominante de la infección: úlceras en la piel y órganos internos, inflamaciones articulares (artritis), pérdida de sensibilidad en brazos y piernas, dolores e incapacidad (lesiones en el corazón, médula...).
Pueden aparecer complicaciones graves con lesiones cardíacas y de vasos sanguíneos que provocan insuficiencia cardiaca o circulatoria, lesiones cerebrales y medulares con riesgo de parálisis, trastornos psíquicos con posible demencia, etc. Casi el 25% de las personas que padece la infección y no recibe adecuado tratamiento queda incapacitado o muere en esta última etapa de la infección. El tratamiento de la sífilis, como el de la gonorrea, precisa de antibióticos, fundamentalmente la penicilina G benzatina, o, como alternativa, las tetraciclinas. En sus dos primeras etapas la sífilis puede ser curada en su totalidad con el tratamiento adecuado; esto no es seguro que suceda cuando se interviene en la tercera etapa, aunque sí pueden detenerse los síntomas.
Durante el embarazo, la bacteria puede ser transmitida al feto, que sufre la infección de manera similar al adulto. Puede provocar un aborto e incluso el nacimiento de un niño con importantes lesiones. Si la madre comienza el tratamiento antes de la semana 18 de embarazo, el riesgo de afección fetal es menor.
ITS que se manifiestan con inflamación de la uretra (uretritis)
La uretritis se reconoce por la aparición de un exudado uretral (salida de líquido por la uretra) que puede ser purulento (con pus) o mucopurulento (con viscosidad y pus) y que se acompaña de dificultad o dolor al orinar (disuria). Las ITS que se manifiestan principalmente como una uretritis son la gonorrea y la clamidiasis.
Gonorrea
Es una infección venérea muy contagiosa que afecta a un alto número de personas. Se conoce como gonococia, blenorragia y purgaciones. Está causada por una bacteria en forma de grano de café, el gonococo, que se desplaza por las vías urinarias y los conductos genitales (uretra, vagina, cuello del útero, etc).
Puede transmitirse de unas personas a otras en cualquiera de sus etapas de desarrollo. Es más persistente y se difunde más en la mujer, en la que manifiesta síntomas tan sólo en dos de cada diez casos.
El periodo de incubación de la infección oscila entre 2 días y 3 semanas. Se puede apreciar un aumento de la secreción vaginal, dolor y escozor al orinar, molestias abdominales y sensación de cansancio. En el hombre, los síntomas son más evidentes, con molestias y escozor al orinar y secreción purulenta por el pene, que con el paso del tiempo se hace más fina y cremosa.
La gonococia puede provocar diversas complicaciones. En el hombre causa estrechamiento de la uretra y en ocasiones esterilidad; en la mujer, enfermedad inflamatoria pélvica, infección en las trompas de Falopio, en los ovarios y en el área pélvica, con elevado riesgo de esterilidad por producirse cicatrización y estrechamiento de dichos órganos, así como de la uretra. El gonococo puede diseminarse, pasar al torrente sanguíneo y provocar infecciones en articulaciones y en diversos tejidos.
La gonorrea es una infección venérea muy contagiosa que afecta a un alto número de personas, es más persistente en la mujer, pero en ella sólo manifiesta los síntomas en dos de cada diez casos
En personas portadoras de la infección, con la práctica del sexo oral, el gonococo puede difundirse del pene a la boca y a la garganta. Si estos órganos se afectan, al igual que en los genitales, puede que no se produzcan síntomas, o presentarse dolor de boca y garganta o inflamación de los ganglios de la zona.
A menudo, la uretritis que genera una gonorrea se confunde con otras infecciones que también la producen. Es importante determinar el origen real de dicho trastorno porque para su curación, los tratamientos que requiere son diferentes.
Si una mujer embarazada presenta gonococia y no sigue un tratamiento adecuado puede contagiar al niño en la fase de expulsión, cuando pasa por el canal del parto, lo que conlleva en el niño un alto riesgo de sufrir una conjuntivitis gonocócica que puede provocar ceguera permanente. En la actualidad se previene la infección con la instilación de unas gotas de antibiótico en los ojos del recién nacido.
El tratamiento de la gonorrea se realiza con cefalosporinas, espectinomicina o ciprofloxacino. La penicilina es poco eficaz por la existencia de un gran número de cepas resistentes a ella y es necesario realizar revisiones después del tratamiento, puesto que a veces pueden desaparecer los síntomas, pero persistir la infección
Clamidiasis
Es provocada por la Clamydia trachomatis, que es el agente que con mayor frecuencia provoca uretritis no gonocócicas. La infección gonocócica y clamydial coexisten en un 30-40% de los casos. Sin embargo, ésta última parece haber disminuido de manera gradual en los últimos años y es más frecuente en adolescentes y adultos jóvenes sexualmente activos.
De modo similar al gonococo, esta infección cursa con uretritis, inflamación de cuello uterino, enfermedad inflamatoria pélvica, epididimitis, etc. Puede también ser asintomática, en especial si la persona afectada es una mujer. Se observa sobre todo entre las mujeres de 15 a 20 años. A partir de los 30 años desciende la afección debido a que a esa edad la diana sobre la que se fija y trasmite la bacteria, que es el epitelio columnar de la mucosa vaginal, es reemplazada por el epitelio escamoso.
Como en la gonococia, los síntomas son más reconocibles en el hombre que en la mujer, pero en ocasiones son difíciles de apreciar.
Si no se trata puede producir complicaciones. En el caso del hombre puede generar esterilidad o inflamación de los conductos espermáticos. En el de la mujer, inflamación pélvica, obstrucción de las trompas de Falopio y esterilidad. El tratamiento se realiza con antibióticos, principalmente con macrólidos (azitromicina) y con tetraciclinas (doxiclina).
ITS que se manifiestan con infecciones por papilomavirus
Los papilomavirus humanos (PVH) son virus que para trasmitirse requieren de un contacto personal estrecho; el contacto sexual es sin duda uno de ellos. De hecho, más del 90% de las personas que tienen relaciones sexuales con portadores de lesiones genitales por el PVH se convierten en portadores del virus. Se considera que la infección por PVH es la infección venérea vírica más frecuente y la mayoría de las personas a las que se les detecta no tienen signos clínicos de infección.
Los PVH pueden originar verrugas cutáneas y otras lesiones recurrentes, las más habituales son las condilomas. Se ha demostrado además que estos virus pueden favorecer la aparición de cánceres de cuello uterino, ano, vulva, vagina y pene.
Condilomas
Se manifiestan como verrugas indoloras, que se presentan entre el primer y tercer mes desde el contagio, por lo general en la propia entrada vaginal, en los labios vaginales, dentro de la vagina, en el cuello del útero o alrededor del ano. En los hombres suelen aparecer en el ano, el glande o bajo el prepucio y más raramente en el tallo del pene y en el escroto.
En su tratamiento se emplea cirugía con láser y fármacos que se aplican sobre las lesiones (podofilino o interferón), electrocoagulación, crioterapia (tratamiento con frío mediante nitrógeno líquido), etc. Cuando las lesiones son muy extensas, el tratamiento es complejo.
ITS que se manifiestan con vaginitis o infección vaginal
En la vagina crecen y se desarrollan muchas bacterias que son beneficiosas por favorecer un medio ácido vaginal (pH ácido), con lo que se evita el crecimiento de hongos, bacterias y otros microorganismos perjudiciales. Si esta acidez se altera, la proliferación de estos agentes patógenos es más que probable.
La alteración del pH vaginal puede deberse a un déficit de las propias defensas corporales (sistema inmunitario) que provoca disminución de las resistencias, a menudo por la toma de antibióticos de amplio espectro, al uso excesivo de jabones y duchas vaginales o a heridas o irritaciones en la vagina.
Los síntomas que detectan la presencia de este trastorno son picores en la vulva, inflamación y secreción vaginal.
Las infecciones vaginales más frecuentes son:
Tricomoniasis
Es producida por tricomonas, parásitos protozoos que, aunque pueden sobrevivir durante algunas horas en un medio exterior húmedo, como toallas o ropa interior, se transmiten con más frecuencia por contacto sexual.
Afectan sobre todo a la mujer y provocan picores e irritación vaginal con secreción vaginal amarillenta y maloliente. El hombre muestra pocos o ningún síntoma.
Debido a que los tricomonas se desarrollan mejor en medios alcalinos, las duchas vaginales ácidas aplicadas a tiempo pueden detener la infección.
Candidiasis
Las cándidas son hongos que colonizan de manera habitual el recto y la vagina, por lo general en cantidades inofensivas. Si el medio se altera, facilita su proliferación e infecta las mucosas húmedas y calientes. Puede transmitirse a través de objetos, ropas y por contacto íntimo.
A nivel vaginal se produce un aumento de la secreción, en general blanquecina y espesa con intenso picor vulvar.
Tanto para la Tricomoniasis como para la Candidiasis, el tratamiento médico es muy eficaz y deben de tratarse los dos miembros de la pareja al mismo tiempo a fin de evitar el efecto ping-pong (reinfecciones procedentes del miembro aún no tratado).
LA INFECCIÓN POR VIH-SIDA
El Síndrome de Inmunodefi-ciencia Adquirida o SIDA (aids en inglés) es una infección causada por el VIH o virus de la inmunodeficiencia humana (HIV en inglés) que ocasiona la destrucción del sistema inmunitario (encargado de la defensa del organismo). Puede afectar a cualquier persona que no tome las adecuadas medidas preventivas. En la actualidad sigue siendo una infección incurable.
Se denomina SIDA a la fase avanzada de la infección por el VIH, que es cuando aparecen síntomas de la infección. Desde que alguien se infecta con el VIH hasta que manifiesta signos o síntomas de estar enfermo, es decir, de padecer el SIDA, transcurre un tiempo que varía de unas personas a otras, pero que puede llegar a 10 años e incluso más. Es el llamado periodo de incubación, durante el que puede contagiarse a otras personas. Por tal razón, se habla de manera indiferenciada de infección por VIH-SIDA.
Se conocen como "seropositivas" a las personas en las que las pruebas diagnósticas demuestran la infección por el virus. La seropositividad indica que el sujeto ha entrado en contacto con el VIH y está infectado por él, por lo que se considera portador y, por lo tanto, tiene la capacidad de contagiar a otras personas, pero no significa que se padezca el SIDA ni predice la evolución hacia la infección. Cualquier persona seropositiva permanecerá infectada posiblemente de por vida y por ello debe evitar aquellas prácticas que pueden favorecer la transmisión del VIH a otras personas; además, debe seguir las recomendaciones médicas a fin de aminorar el riesgo de que su infección evolucione hacia el SIDA.
El virus
Los orígenes
Los orígenes de este virus son confusos y las hipótesis contradictorias y diversas, pero en los últimos años se van conociendo más detalles.
La revista Nature publicó un estudio en febrero de 1999 en el que se apuntaba que la fuente original del VIH estaría situada en una subespecie de chimpancés que habita al oeste de África ecuatorial. Según dicho estudio, el virus podría haber pasado al hombre cuando los cazadores de chimpancés se expusieron a sangre infectada de ellos.
El VIH no puede vivir de manera independiente, lo hace dentro de una célula y después de invadir los linfocitos puede permanecer larvado o persistir en la infección
Otro estudio publicado en Science en junio de 2000 señala que el paso al ser humano del VIH se habría producido con anterioridad al año 1930 y a partir de entonces comenzó a expandirse. En principio, la expansión habría sido lenta y no se generalizó hasta la década de 1970. La gran eclosión epidémica se produciría en los años 50 y 60, en los que se produjo el crecimiento de las grandes ciudades africanas, el fin del colonialismo y varias guerras, se realizaron programas de vacunación generalizada en el continente negro con la reutilización de agujas y se incrementó de manera masiva el número de viajeros procedentes o con destino en África.
Datos epidemiológicos
Los primeros casos de SIDA son descritos en 1981 entre los homosexuales y en 1983 Luc Montagnier descubre el virus causante. En 1983 se reconoció la epidemia del SIDA también en personas heterosexuales y en 1985 se habían registrado casos en todos los continentes; en este mismo año aparecieron las pruebas para detectar su presencia en la sangre.
En diciembre de 2004 el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA(ONUSIDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicaban las siguientes cifras globales sobre la infección por VIH-SIDA:
- Personas que vivían con el VIH/SIDA en el mundo en 2004
Total 39,4 millones
Hombres adultos 19,6 millones
Mujeres adultas 17,6 millones
Menores de 15 años 2,2 millones
- Nuevas infecciones por el VIH en 2004
Total 4,9 millones
Adultos 4,3 millones
Menores de 15 años 640.000
- Defunciones causadas por el SIDA en 2004
Total 3,1 millones
Adultos 2,6 millones
Menores de 15 años 510.000
En España, a 30 de junio de 2004, el INE (Instituto Nacional de Estadística) informaba de que el total de pacientes con SIDA es 68.788, de los que 55.198 son hombres, 13.590 mujeres y 983 corresponden a casos pediátricos. Según una encuesta realizada por todo el territorio nacional, el 39,2% de la población española se ha hecho en alguna ocasión la prueba del VIH-SIDA, sobre todo del grupo de edad de 30 a 39 años (49% de los hombres y 50,6% de las mujeres).
¿Cómo actúa el VIH sobre el organismo?
El sistema inmunitario es el encargado de defender a nuestro organismo de las agresiones provocadas por los diferentes microorganismos y además evita la proliferación de células malignas causantes de los diversos tipos de cánceres. Este sistema dispone de unas células encargadas de manera específica de la defensa, los glóbulos blancos o linfocitos, de dos tipos distintos: los linfocitos T que atacan directamente a los organismos microscópicos que nos invaden y los linfocitos B encargados de producir anticuerpos (sustancias que bloquean de modo específico la acción de cada microbio patógeno).
El VIH ataca sobre todo a una variedad de los linfocitos T, los T4, que dirigen las operaciones de defensa, paralizando el sistema inmunitario antes de que éste haya tenido la posibilidad de organizar sus defensas. Su destrucción expone al afectado a infecciones y tumores.
La proximidad de una persona seropositiva no entraña ningún riesgo; las situaciones que conllevan riesgo de contagio son las relaciones sexuales sin preservativo, compartir jeringuillas y recibir una transfusión sanguínea no controlada
El VIH no puede vivir de manera independiente, lo hace dentro de una célula y después de invadir los linfocitos T4 puede evolucionar de dos maneras: 1- Permanecer larvado (como dormido), y los linfocitos T4 infectados continúan viviendo con normalidad, es decir, persiste la infección pero sin síntomas. No obstante, las células T4 infectadas pueden transmitirse a otras personas e infectarlas. 2- Volverse activo, reproduciéndose en la célula que acaba explotando y liberando gran número de virus que infectarán otros T4.
Cuando una cantidad importante de células T4 ha sido destruida a consecuencia de la infección por el VIH, el sistema inmunitario se resiente y las defensas se debilitan, lo que hace muy posible la aparición de los síntomas del Sida.
En el año 2002 un equipo de investigadores ingleses y norteamericanos identificó un gen que parecía actuar como un escudo frente al VIH. Según publicaron en la revista Nature se trata de un tipo de resistencia natural al virus que explicaría por qué determinadas personas infectadas no llegan a desarrollar la infección, al menos hasta el momento actual. Esto ha permitido poner en marcha líneas de investigación para sintetizar nuevos medicamentos antirretrovirales.
Formas de transmisión
Cuando en los años 70 apareció la epidemia de SIDA se desconocía la forma en que se contagiaba y se trasmitía; el miedo condujo al aislamiento y al rechazo social de los enfermos. Si tal conducta siempre es rechazable, con los conocimientos actuales sobre el VIH no tiene justificación porque sabemos que cuidar, apoyar y convivir con una persona infectada no comporta ningún riesgo. Al contrario, puede tener efectos beneficiosos tanto para el afectado como para las personas de su entorno.
Se ha demostrado de forma científica que los contactos habituales de la vida cotidiana no lo transmiten. No es posible, por tanto, el contagio por compartir vasos, cubiertos, servilletas de mesa, intercambiar ropa con personas portadoras, sentarse en su mismo sitio, utilizar un baño común, bañarse en piscinas donde puedan acudir infectados, dormir en la misma cama e incluso besarse o abrazarse con ellos, puesto que no se transmite por el sudor, por las lágrimas ni siquiera a través de insectos.
Las tres formas de transmisión del VIH son:
- Transmisión sexual: El virus se encuentra en el semen y en las secreciones vaginales, por lo que se puede trasmitir con el intercambio de estos fluidos durante las relaciones sexuales con personas infectadas por el VIH si no se utilizan preservativos de manera correcta. Las relaciones sexuales con penetración vaginal o anal, ya sean heterosexuales u homosexuales, pueden transmitir el VIH, al igual que los contactos boca-órgano genital, si existen lesiones en alguna de las dos zonas. Cualquier práctica sexual que favorezca las lesiones o las irritaciones incrementa el riesgo de contagio. Las relaciones anales son las más peligrosas por producirse con gran facilidad lesiones debido a que la mucosa anal es más frágil que la vaginal.
El riesgo de infección se relaciona con la frecuencia de relaciones sexuales y con el número de parejas distintas. No obstante, un solo contacto puede ser suficiente para infectarse. El riesgo de transmisión es mayor en el sentido hombre-mujer que en el de mujer-hombre. Además, aumenta el riesgo durante los días de menstruación debido a la mayor facilidad para el contacto con sangre.
Los besos profundos y la masturbación entre los miembros de la pareja no transmiten el VIH, salvo que existan lesiones sangrantes en un portador del virus que puedan ponerse en contacto con lesiones previas del posible receptor.
- Transmisión sanguínea: La sangre de una persona infectada es portadora del virus. La infección se puede adquirir con el contacto de la sangre de un afectado con la de una persona sana. Toda persona que pueda haber tenido una conducta de riesgo en los últimos meses debe de abstenerse de donar sangre u órganos.
Los utensilios de cuidado corporal (tijeras, hojas de afeitar, cepillo dental, pinzas, etc.) que pueden haber entrado en contacto con la sangre presentan un riesgo teórico de transmisión del VIH. Si se comparten con un portador tendrán que ser limpiados con una solución desinfectante o esterilizadas por calentamiento.
- Transmisión materno-filial: Las mujeres embarazadas infectadas pueden transmitir el virus a su hijo en distintos momentos, mientras el feto está en el útero, en el momento del parto o durante el tiempo de lactancia.
Se recomienda a la mujer infectada no quedarse embarazada. Las posibilidades de que una madre con SIDA contagie a su feto son del 99,9%. No se dice que del 100% porque la naturaleza siempre hace milagros. Si a una mujer infectada se le trata con antirretrovirales en el tercer trimestre del embarazo, se hace más por la salud de la madre que como prevención del feto. Sabidos estos datos, los médicos prefieren decir a las madres infectadas que no tengan hijos, pues es casi seguro que se les condena a tener una infección muy seria y por el momento, incurable. Amamantar al recién nacido es una potencial vía de transmisión, por lo que se desaconseja la lactancia materna cuando la madre es seropositiva. Algunos estudios han demostrado que el tratamiento de las embarazadas seropositivas con fármacos contra el VIH reduce el peligro de transmitir el VIH al feto.
Si una persona ha pasado por una situación de riesgo e inmediatamente después la prueba le da negativa, tiene que volver a realizársela transcurridos 3 meses
En las relaciones familiares, los contactos habituales y cotidianos no transmiten el virus y en las relaciones laborales normales tampoco hay riesgo de transmisión, por lo que no hay razones para excluir a una persona seropositiva de su trabajo. Si mantiene una actitud responsable, es suficiente con tomar medidas de higiene general. Se pueden usar en común las duchas, aseos, vestuarios, comedores, etc. por no suponer riesgo alguno, como tampoco lo es compartir herramientas, material de oficinas, teléfonos, asientos, máquinas, etc.
En definitiva, la proximidad de una persona seropositiva no supone ningún riesgo.
Resumido de manera esquemática, son situaciones que conllevan riesgo de contagio: mantener relaciones sexuales sin preservativo con alguien que no sabemos si está infectado, compartir jeringuillas y recibir una transfusión no debidamente controlada.
Síntomas de la infección por VIH-SIDA
En una primera fase, que como hemos señalado se suele presentar bastante tiempo después del contagio, aparecen síntomas que pueden ser episódicos, alternando con periodos de relativo bienestar. Los síntomas iniciales más frecuentes son: fatiga inexplicable, falta de apetito, cansancio, fiebre persistente durante varias semanas, pérdida de peso, diarrea crónica, herpes, infecciones en la boca y adenopatías (aumento del tamaño de los ganglios), síntomas todos ellos muy comunes también en otras enfermedades.
En una fase más avanzada y debido al deterioro del sistema inmunitario aparecen otras manifestaciones:
- Infecciones oportunistas: micosis (por hongos), bronquitis aguda, neumonía, tuberculosis, etc.
- Algunos cánceres: linfomas y sarcoma de Kaposi.
- Otras: afecciones neurológicas, dermatológicas, adelgazamiento extremo, etc.
Diagnóstico de la infección por VIH
El diagnóstico de certeza de que una persona está infectada se alcanza con las pruebas que detectan la presencia de anticuerpos generados por el organismo contra el VIH para defenderse de él; las que suelen hacerse son los test Elisa, Western blot, etc. Si estas pruebas son positivas hay anticuerpos y, por tanto, el virus está en el organismo.
Después de haberse infectado hay una primera etapa, de unos tres meses de duración, en la que no es posible detectar el virus por las pruebas antes mencionadas, dado que la cantidad de anticuerpos generados es muy pequeña; es el llamado "período ventana". Si una persona ha pasado por una situación de riesgo y la prueba de detección, realizada inmediatamente después, resulta negativa, deberá volver a repetirla en unos tres meses.
¿Cómo saber si se ha infectado con el virus?
Si consideramos que hemos pasado por alguna de las situaciones de riesgo antes comentadas (mantener relaciones sexuales sin preservativo con alguien que no sabemos si está infectado, compartir una jeringuilla, o recibir una transfusión no bien controlada) y deseamos averiguar si estamos infectados o no, se puede acudir al centro de salud, hospitales públicos, medicina privada, etc. para realizar los estudios adecuados. En nuestro país, a todas las mujeres embarazadas, de manera sistemática y con su consentimiento, el Sistema Nacional de Salud les realiza los estudios pertinentes para descartar una infección por el VIH con el fin de adoptar las medidas terapéuticas y preventivas para no sólo tratar a la afectada, sino también evitar la infección en el recién nacido, en el caso de que la prueba demostrase la presencia del virus en la embarazada.
No se deben confundir estas pruebas, que sirven para detectar la presencia del virus, con las determinaciones de la "carga viral", que evalúan la cantidad de virus presente en la sangre y que no se utilizan para el diagnóstico sino para supervisar la respuesta al tratamiento de los pacientes con VIH o SIDA, y para valorar el pronóstico.
La legislación sanitaria obliga a los médicos, enfermeros y en general al personal sanitario y administrativo a guardar la debida confidencialidad sobre el resultado de las pruebas realizadas en relación al VIH. Del mismo modo, se les prohíbe hacer pública cualquier información acerca de que alguien sea portador del VIH o enfermo de SIDA.
Tratamiento
En sus inicios, la supervivencia de un enfermo con SIDA era muy corta, dada la poca eficacia de los primeros tratamientos. En la actualidad se ha convertido en una infección crónica y los enfermos que la padecen, si bien no se curan, tienen una supervivencia muy larga si reciben el tratamiento adecuado y se realiza un seguimiento riguroso del proceso.
Los fármacos actuales contra el VIH reducen la carga viral hasta un 99% (mil veces menos de virus en la sangre de los que se tenían al comenzar el tratamiento), el virus es frenado y, aunque no se erradica, se detiene su multiplicación y se reduce la destrucción de las células afectadas del sistema inmunitario, con lo que se retrasa la aparición del SIDA si se realiza un diagnóstico precoz, y desde luego se ralentiza todo el proceso agresivo contra el organismo.
Los fármacos antirretrovirales son los específicos contra el VIH y tratan de impedir su reproducción dentro de las células infectadas.
En la reproducción del virus en el interior de la célula juegan un papel esencial varias de sus enzimas. La acción de los fármacos antirretrovirales consiste en dificultar o impedir su acción. Los actuales tratamientos combinan dos o tres fármacos que bloquean varias enzimas e incluso la misma enzima de formas diferentes. Ésta es la llamada Terapia Combinada. Con ella muchos enfermos inician una lenta pero constante recuperación inmunológica que les permite librarse del alto riesgo de sufrir infecciones oportunistas, aunque, por desgracia, aún no se ha logrado erradicar el virus.
Vacuna anti-VIH
Aunque hay avances en el estudio de una vacuna anti-VIH, hasta el momento no se ha alcanzado una que asocie eficacia y seguridad. Un factor que complica la investigación y dificulta su logro son los continuos cambios o mutaciones que el virus experimenta.
CÓMO EVITAR LAS ITS
La aparición del VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) ha puesto de actualidad un tema que parecía olvidado, el de las llamadas infecciones de transmisión sexual o ITS. Entre éstas se cuenta el SIDA, cuya irrupción ha generado gran inquietud social y numerosos estigmas sobre algunas prácticas sexuales.
Cada acto sexual lleva implícito el riesgo de contraer una ITS o un embarazo no deseado. En la actualidad disponemos de numerosos métodos de prevención y protección para que las prácticas sexuales no supongan un riesgo innecesario tanto en uno como en otro sentido. Es obvio que el riesgo de contraer cualquier tipo de ITS crece si se mantienen frecuentes relaciones con personas distintas.
Las cuestiones que en algún momento cualquiera se plantea son: ¿puedo tener una ITS? ¿la persona con la que he empezado a salir tendrá alguna de estas infecciones? ¿si mantengo relaciones sexuales, podré contagiar o me podrán contagiar alguna enfermedad? ¿cómo puedo sospechar que tengo alguna ITS o que mi pareja la tiene?
Es necesario saber que a menudo estas infecciones, al menos en sus primeros estadios, no muestran signos ni síntomas y si lo hacen suelen ser similares a otras no tan graves, por lo que ni siquiera el médico especialista podría detectarlas sin contar con el apoyo de los modernos métodos diagnósticos de los que disponemos.
Un primer factor a considerar a la hora de sospechar una posible ITS propia o de nuestra pareja es la anterior vida sexual. Si nosotros mismos, o la persona con la cual se empieza a salir, hemos cambiado mucho de pareja o tenido una vida sexual muy cambiante y prolífica, debemos reconocer que las posibilidades de tener o haber tenido contacto con algún agente infeccioso causante de ITS son altas.
Con indepedencia de lo anterior, hay algunos signos y síntomas que nos deben poner en guardia:
- Lesiones ulceradas en la zona genital. Pueden hacernos sospechar la presencia de sífilis, herpes genital u otras infecciones menos frecuentes.
- Secreciones o flujo vaginal, de color amarillento o blancuzco, que pueden ser malolientes y que podrían corresponder a infecciones por hongos, tricomonas o gonococo.
- Exudados purulentos uretrales, que nos hacen sospechar de una gonorrea.
- Irritación y erosiones en el glande que podrían indicar una infección bacteriana o por hongos.
- Inflamación de los ganglios inguinales acompañados de erosiones en zona genital (a descartar sífilis, granulomas, clamidias, SIDA.
- Fiebre persistente que requiere una inmediata intervención médica y puede deberse a algunas ITS como Hepatitis B, SIDA, e incluso infección por chlamydias, sífilis, etc.
- Coloración amarillenta de la piel y de los ojos, junto a diarreas y dolores abdominales nos pueden hacer sospechar una hepatitis B (altamente contagiosa por vía sexual).
- Lesiones en forma de vesículas, que provocan irritación y dolor, recurrentes y de aparición periódica. Puede suponerse que corresponden a infección crónica por un herpes virus.
- Quejas sobre dolor o ardor al orinar, en la vagina o en la vulva, que puede deberse a una simple infección urinaria, pero que obliga a descartar ITS como vaginitis, herpes, tricomoniasis.
- Quejas de picores con rascado frecuente en la zona pubiana; se puede sospechar una micosis o incluso presencia de parásitos como la ladilla, que es un tipo de piojo que coloniza el vello del pubis.
- Quejas de picor intenso en la piel o mucosa anal o vulvar, con necesidad de rascado; nos puede hacer pensar en distintas parasitosis.
- Verrugas en el glande, prepucio, vulva y zona perianal, a veces con picazón y ardor, cuya presencia nos hace sospechar la presencia de infección por papilomavirus humano.
Estas infecciones, en sus primeros estadios, no muestran signos ni síntomas, y si lo hacen son similares a otras enfermedades menos graves
En general estos signos no son fáciles de detectar y, sin caer en una actitud de vigilancia y sospecha permanente hacia nosotros o nuestra pareja, sí es necesario mantenernos en alerta y desde luego adoptar medidas preventivas, entre las que destacamos:
- Utilizar preservativo. Su uso es imprescindible y a pesar de que está demostrada su eficacia, hay personas, sobre todo varones, que rechazan utilizarlo y logran convencer a algunas mujeres de que son innecesarios.
- Realizar antes y después del contacto sexual, un buen lavado genital con abundante agua y jabón.
- Orinar después del coito porque con la micción se arrastran algunos gérmenes y se produce una limpieza de las vías urinarias.
- No realizar penetraciones vaginales después de una penetración anal.
Sobre el uso del preservativo es necesario tener en cuenta:
- Nunca se debe de usar si el envase ha estado abierto, puesto que se deteriora si se guarda fuera de su envase original o se mantiene en lugares calurosos y húmedos.
- No usarlo si ha estado expuesto a altas temperaturas.
- Si se requiere el uso de algún lubricante, no usar vaselina porque afecta al látex.
- No utilizarlo si se detecta que esta roto, pinchado o ha sobrepasado su fecha de caducidad.
- Desenrollarlo sólo en el momento de colocarlo y hacerlo con el pene en erección, cuidando dejar un espacio pequeño en la punta para que no haya presión seminal sobre el glande en el momento de la eyaculación.
- En su retirada, después de eyacular, se tendrá cuidado de sujetar con los dedos la parte posterior (donde está el anillo) para evitar que se quede en la vagina con el posible derramamiento de semen dentro de ella.
- Desecharlo de forma adecuada después de usado.
Si se usa un lubricante íntimo durante el juego erótico o para evitar irritaciones o erosiones en la pared vaginal o anal que facilitan la entrada de agentes infecciosos, se deben evitar los lubricantes derivados del petróleo (lanolina, vaselina o similares) y sí los indicados para tal fin.
Si se ha realizado actividad sexual con penetración anal no se efectuara con posterioridad vaginal, salvo que se cambie de preservativo. Si éste no se utilizó en la penetración anal, se deberá lavar el pene con agua y jabón para evitar el riesgo de vaginitis por la entrada de gérmenes a la vagina, procedentes del recto (sobre todo Escherichia coli).
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